Te quiero. Podría repetirlo hasta quedarme sin voz. Podría escribírtelo en tailandés o en chino, o al revés, o con tinta invisible. Podría tatuármelo en la frente, para que lo vieras cada vez que me miraras, o hacer que un avión lo escribiese en el cielo, como en las pelis, o que apareciese en el marcador, en medio de un partido. Pero no me gustan los aviones, ni los partidos, ni se hablar chino ni tailandés, me dan miedo las agujas y nunca supe encontrar tinta invisible. Así que sólo me queda decírtelo: te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario